UN EX-JEFE DE LAS MINAS NIEGA EL PELIGRO
Pierre Rousseau, ex ingeniero de Talleres Generales de la SMMP,
analiza una por una las instalaciones y su
potencial emisión de contaminantes,
que en su opinión no invalidaría
construir en los polémicos terrenos.
Para Pierre Rousseau, antiguo ingeniero jefe durante más
de 30 años de los Talleres Generales
--uno de los principales departamentos que comprendía la
zona industrial de la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya (SMMP)--,
el Cerco no fue un lugar contaminado y no revestiría
hoy niveles de toxicidad serios.
Rousseau, que dejó el Cerco en 1969, pocos años antes de que la SMMP
abandonara su actividad, vive en Francia pero mantiene
contactos con Peñarroya-Pueblonuevo.
Encontró e interpretó para el Ayuntamiento los planos originales
del antiguo almacén central que hoy lleva su nombre
(Complejo Pierre Rousseau) por acuerdo plenario
de octubre de 1999. Pierre Rousseau ha tenido
conocimiento de este debate por la revista
Sierra Albarrana y ha creído oportuno aportar al mismo
diversas puntualizaciones.
Humos y polvos
Así, para Rousseau si todo el Cerco está contaminado,
habría que generalizar y considerar que todo el pueblo
lo está; pero con una contaminación producida
por humos y polvos transportados por los vientos a toda la
comarca y en cantidad ínfima. Para el antiguo ingeniero jefe,
todos los residuos pesados producidos en la Fundición de
plomo se quedaban allí y entraban de nuevo en un ciclo
de extracción de los metales por el valor de todos los
elementos (plomo, cobre, plata, bismuto, arsénico, antimonio, zinc)
usados en la extracción de la plata.
Según Rousseau, el Cerco era un conjunto de
territorios independientes y con su propia administración.
Hasta los sesenta, su actividad y posible
emisión de contaminantes era:
El Almacén Central no dio lugar a contaminación puesto que se
utilizó para recibir materiales de
construcción y de todo tipo, sus alrededores se
mantuvieron siempre limpios, asegura Rousseau.
El parque de madera --solar previsto inicialmente para el hospital--
fue siempre un espacio vacío sin actividad industrial
y Rousseau dice no haber visto nunca depositar
residuos de cualquier naturaleza. Este amplio espacio
se mantenía siempre limpio y perfectamente ordenado.
Respecto a la fábrica de ácido y abonos,
el taller de fabricación del ácido sulfúrico puede
haber tenido zonas afectadas, la salida del
horno Moritz (calcinación de las piritas) donde se
condensaban los metales contenidos en las piritas.
Pierre Rousseau supone que todo el plomo de las cámaras
fue cuidadosamente recuperado cuando se desguazaron
las instalaciones. En la fabricación de abonos y
almacenamiento tampoco hubo riesgo de contaminación,
ya que el abono hubiera sido impropio al consumo.
En la zona de productos refractarios, las materias primas
utilizadas no tenían elementos contaminantes. Se puede
considerar este taller perfectamente limpio.
En cuanto a la parcela de la Fundición de Plomo, allí es
donde se encontrarían metales responsables de
la contaminación de los suelos, pero no de una manera
uniforme, sino en función de las etapas de la metalurgia
del plomo. A cada etapa corresponde una zona bien definida
y separada de las demás. Según esto, al entrar en la
Fundición los minerales eran clasificados y almacenados
en el patio en forma de parva (capas horizontales alternando
con cal). La cal era un fundiente para facilitar la separación
de la gacha en el horno y también limitar la formación de
polvo con el viento. Al parar la Fundición, lo lógico es
--en opinión de Rousseau-- que todos los minerales fueran
tratados o enviados a otras fundiciones. El horno de
calcinación estaba instalado en un edificio con el fin de
aislarlo de las intemperies.
En el 2002, Rousseau visitó este
edificio y afirma que ya no encontró señal de este aglomerado.
Todo había sido limpiado cuidadosamente. De la fusión no quedaba
nada, el horno La Pava fue desarmado y no se encuentran trazas
de lo que fue el corazón de la Fundición. A la salida del horno
de fusión el plomo bruto pasaba a la desplatación, edificio
completamente cerrado en el cual se procedía a la separación
de los metales; tampoco se ha destruido este edificio pues el
ex ingeniero jefe lo visitó en el 2002.
Para él, seguramente habrá aún restos --sólo trazas--
de metales, pero bien localizados. Para Pierre Rousseau,
la contaminación en este apartado se limitó al territorio
específico para administrar los desechos, los cuales, no obstante,
eran inyectados en los circuitos de fabricación hasta volver a
recuperar una gran parte de los metales.
En cuanto al resto de los terrenos del Cerco, ni los hornos de Cok,
ni la fábrica de briquetas, ni la central eléctrica, ni los terrenos
circundantes a los pozos mineros Hamal y Santa Rosa deben ofrecer
riesgo de contaminación. Tampoco los Talleres Generales usaron metales
susceptibles de toxicidad, por lo que Rousseau no ve motivos para
desechar estos terrenos.
La disolución
En cuanto a la toxicidad del plomo, este antiguo directivo de la
SMMP afirma que "cuando era estudiante me enseñaron que para
ser venenosa una sal metálica tenía que ser soluble, y en condiciones
normales un metal puro no es venenoso; teniendo en cuenta que la SMMP
dejó toda actividad metalúrgica hace más de treinta años, es de suponer
que todos los productos susceptibles de contaminar los suelos han
sido lavados, disueltos y tragados por los subsuelos de la comarca".
Finalmente, Pierre Rousseau cree oportuno que "antes de que se condenen
más de 60 hectáreas de terrenos, se reflexione sobre la
recuperación y la utilización de estas explanadas; difícilmente
puedo admitir que El Cerco esté contaminado al punto de alejar
toda construcción y, en ese caso, es todo el pueblo el que haría
falta alejar".